“La aceptación es no resignación, pero nada te hace perder más energía que el pelear y resistir contra una situación que no puedes cambiar” - Dalai Lama
La serie de comedia de Tv «The Big Bang Theory» es considerada una de las sitcom más populares de los últimos tiempos. Sin embargo, hay un episodio muy peculiar cuando el personaje Leonard enfrenta a su madre científica, limando ambos sus asperezas.
Llega un punto en que tira la toalla en su lucha por tratar de conseguir su aprobación. Leonard se da cuenta que lo único que puede hacer es perdonar a su madre por ser como es, y así poder seguir adelante. En este caso, la mamá de él reacciona con agradecimiento, ya que sabe que no ha sido una buena madre y que necesitaba su perdón. Incluso se abrazan al final. De eso se trata Shogonai.
Más que una expresión japonesa, es una filosofía de vida que literalmente quiere decir: “Que no se puede evitar” con el fin de animar a que la gente se dé cuenta que algo que ha pasado no ha sido su culpa, alimentando a seguir adelante en su camino sin remordimiento.
Es el arte de la aceptación en la vida que enfoca tu energía en lo que puedes controlar y aceptar lo que no puedes cambiar, es decir, aceptar lo inevitable y dejar que fluya y no sentir culpa por lo ocurrido.
No se tiene que confundir con el pesimismo, la desesperación o lamentación sino con la aceptación de lo que está fuera de nuestro alcance.
No hablamos de conformidad sino de aceptar aquello que no tiene remedio, es decir, que hay cosas en la vida que no dependen de nosotros y ante estas situaciones no hay que perder el tiempo ya que nada podemos hacer.
Masaki Ishiguro en su obra: “25 hábitos japoneses para vivir mejor” menciona que aceptar lo que no tiene remedio no es lo mismo que conformarse o resignarse porque “aceptar quiere decir que entiendes que no puedes cambiar esas cosas y que por lo tanto la energía y la atención hay que ponerla en lo que sí influye en tu vida. Conformarse es una actitud reactiva, mientras que aceptar es una actitud madura y proactiva”
Cómo aplicar Shogonai en tu vida
• Dedícate un tiempo para ti para reflexionar qué es lo que puedes controlar (tus emociones, tus reacciones, tus decisiones,…) y qué es lo que no (la conducta y actitud de otros, las reacciones de los demás, factores externos como el medio ambiente, política, la economía mundial, la muerte…).
• Haz una lista de las personas y situaciones que más te afecten emocionalmente acerca de su conducta, comportamiento empezando por tu entorno y círculo más íntimo. Detalla qué es lo que te afecta de todos ellos.
• Anota cuáles han sido las consecuencias o los resultados por querer cambiar alguna situación que no te ha parecido.
• Pregúntate y reflexiona si pudiste haber actuado, decidido, reaccionado o contestado mejor y si lo hubieras hecho, cuál crees que hubiera el resultado.
• Teniendo identificados las personas y las situaciones, pregúntate si estas dispuesto aceptarlos o no y por qué. Esto te ayudará a medir tu nivel de tolerancia.
• Por último, pregúntate: ¿de quién depende mi forma de reaccionar; los demás o depende de mí? ¿Quién tiene control sobre mis acciones y responsabilidades; el resto o yo?
“Hay una diferencia entre aceptación y resignación. Una es positiva y la otra es negativa”
En conclusión, cuando no se puede cambiar o evitar, mejor es aceptarlo; cuanta menos energía malgastes en lo ineludible, más tendrás para lo evitable.
Recuerda que eres el único responsable de tus acciones y reacciones, por consiguiente, eres la única persona en decidir si aceptas que los demás son personas distintas a ti y que tendrás distintas maneras de ver el mundo como tú lo miras y que han sido criados de una manera distinta, o que provienen de una cultura distinta.
De la misma manera; si has vivido alguna experiencia muy amarga, está en ti querer recordarlo haciéndote daño o simplemente, aceptar lo sucedido y continuar con tu vida (no es nada fácil).
Está en ti, qué aceptar y qué no, recordando la importancia del respeto hacia los demás y qué no puedes controlar todo, solo tus acciones, empezando desde la calidad de tus pensamientos.